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¿Es necesaria la prostitución?


Opiniones encontradas son las que suscita esta pregunta. Nos centramos este mes en la prostitución femenina para desgranar qué se puede o debe hacer con ella, y qué aporta la labor de estas mujeres a la sociedad. A continuación, una reflexión sobre la profesión más antigua del mundo.

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¿La prostitución es una profesión más?

Valoramos con esta pregunta el nivel de dignidad que las encuestadas otorgan a quienes venden su cuerpo.

No, por supuesto que no. Es una forma de sobrevivir, pero no una profesión, porque un trabajo, por duro que sea, no te denigra, y esto sí lo hace.
Mariana, 60 años.

Es una forma de extorsión a la mujer. No lo puedo calificar de “profesión”, aunque, para otras (las que se meten a puta de forma voluntaria), quizás sí lo es.
Rebeca, 42 años.

Por algo se las llama “profesionales del cuerpo”, creo yo. Nos gusten o no es un gremio y para ejercerlo hay que valer y entrenarse. No todas seríamos capaces.
Rosario, 24 años.

¿Aporta algo a la sociedad?

Si bien para la mayoría no alcanza el estatus de “profesión”, ahora son muchas las que conceden su venia por hacer “lo que nadie quiere”.

¡Vicio! ¡Aporta vicio! ¿Y eso para qué sirve? Para nada. Si no estuviesen, muchos hombres no dejarían solas a sus mujeres para irse con cualquier fulana.
Catalina, 65 años.

Hay personas a las que les cuesta mucho, por sus circunstancias, encontrar a una persona para tener sexo con ellos, y estas mujeres cubren esa necesidad.
María Isabel, 43 años.

Seguro que cumplen de forma voluntaria las fantasías más insólitas de muchos tíos sin escrúpulos, que se desahogan así, y eso evita que aumente la cifra de crímenes sexuales. Eva, 19 años.

¿Debería estar legalizada?

¿Las vendedoras de sexo deberían cotizar? ¿El negocio estaría más controlado?

Sí. Sería una forma de controlar la higiene y la salud de estas mujeres. También sería una forma de desligarlas del negocio de la droga.
Ana María, 61 años.

Si quieres controlar algo, legalízalo. Eso es lo que pienso. Da igual la moralidad. El caso es no tener a prostitutas ocupando las calles y molestando a los vecinos.
Felisa, 46 años.

Me cuesta imaginar un sindicato para las prostitutas, pero sí, creo que sería una buena forma de controlar su actividad, y se eliminaría además la figura del “chulo”.
Sara, 25 años.

Cuando piensas en las prostitutas, ¿qué te inspiran?

Lástima, asco y admiración. Tres palabras se conjugan para definir esta “profesión”.

Siempre me pregunto qué las lleva a estar ahí, porque me dan lástima y temo al círculo en el que se mueven (drogas, mafias…).
Loli, 52 años

Me provoca rechazo. No me gustan. Siempre pienso que están infectadas de todo, aunque luego no sea así.
Aurora, 40 años.

Mezcla entre asco, pena, y por otro lado, admiración de decir “¿cómo puede tener ganas de trabajar en eso?”
Rocío, 21 años

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