You are hereLa felicidad llama a la puerta

La felicidad llama a la puerta


Autor: 
Georgina Burgos Gil. Sexóloga. Autora de "Mente y deseo en la mujer. Guía práctica para la felicidad sexual de las mujeres".

¿Te has preguntado alguna vez qué pasa por la mente más lasciva de tus vecinos cuando te echan una de esas miradas sugerentes, quizás, algo indiscreta, pero cargada de deseo? Lee y verás.

Las vecinas de mi vecindario

Las vecinas de mi vecindario

Imagínate en casa de tu vecino, imagínate un encuentro pasional e inesperado en el ascensor, imagina que él se cuela subrepticiamente por la azotea o tú llamas a su puerta con la excusa de pedir un poco de azúcar. A Daniel, un quiromasajista de treinta y cinco años, la discreta proximidad de los vecinos en plena acción le desata el erotismo. “Me gustaría acostarme con una de mis vecinas, en mi casa, sin que nadie lo supiera y pensando que todos los vecinos están cerca, en sus casas. Ella está casada y yo vivo con una amiga. Me da morbo lo prohibido y lo arriesgado”.

De todos modos, no es necesario tener a las vecinas (o a los vecinos) cara a cara en la casa, ni en el ascensor o en el rellano de la escalera, pues algo de ellos nos llega a través de las paredes. Unas veces escuchamos sus orgasmos, otras sus pasos, a veces su voz… La voz de algunos vecinos es erótica y evoca deseos, quizás por eso Ramón nos hace esta confesión: “Me masturbo mientras escucho la voz de mi vecino”.

Y cuando la vecina no está disponible o se trata de una opción inalcanzable, queda el juego. “Fingimos que mi esposa es la vecina y que la sorprendo masturbándose en el patio trasero de su casa”.

Abre, que llaman a la puerta

A algunos vecinos les encanta la idea de imaginar que una vecina, con ganas de sexo, llama a su puerta. Luego, los acontecimientos dan un giro estimulante. “Estoy solo en casa. De repente, llaman a la puerta y al abrir resulta ser una vecina despampanante (generalmente morena y de pelo largo), en ropa interior sexy y cubierta con una bata transparente oscura, que se me ofrece. Acabamos en mi cama, dando rienda suelta a las fantasías de ambos”, nos explica Marcos.

La variante de la ducha, que inspira la fantasía de Carlos, es una situación con encanto para el encuentro inesperado con esa vecina deseada. “Toca a la puerta y me dice que se le terminó el gas y que si le presto el baño para tomar una ducha. Yo le digo que estaba por entrar a ducharme, ya que tengo prisa, y como ella también la tiene nos metemos juntos pero, ya te imaginarás, los dos llegamos tarde a nuestras citas ese día, ¡ups!”.

Cuando la pareja ha desaparecido oportunamente, como la esposa de este contable de treinta y tres años, la salida de la ducha puede ser espectacular. “Estoy en mi casa saliendo de bañarme y tocan a la puerta. (Como mi esposa ya se ha ido, tengo que salir). Salgo medio tapado con una toalla y es mi vecina, la esposa de mi amigo, que se le ofrece algo para su casa. Al verme así me dice que me tape porque las tentaciones son malas y yo le digo que al contrario, que son muy buenas y más si se puede caer. Ella me dice: “No sigas porque te tomo la palabra”, y le contesto, quitándome la toalla: “Pues adelante”. Sorprendida, se lanza sobre mi pene a hacerme una felación de esas fenomenales, mientras yo le meto la mano por debajo de su falda y empiezo a meter los dedos en su vagina húmeda, haciendo a un lado su braga. Luego la penetro a cuatro patas, lentamente, y después deprisa, para fundirnos en un orgasmo mutuo... Al final, como si nada, le doy lo que me venía a pedir y cada quien a su casa”.

Su voto: Nada