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Sexo en plató


Autor: 
Celia Manderley

Los Brangelinos no inventaron la pasión en los platós. Las celebrities son una especie muy endogámica y no es raro que retocen entre sí desde que el cine es cine. En el entorno laboral surgen parejas eternas y adictos a liarse con compañeros de rodaje.

Romance en el rodaje

Glamour y Sexo

Hasta un malsonante refrán español advierte de los peligros de acabar entre las sábanas de un compañero de trabajo. Las estrellas del cine no son una excepción, más bien disfrutan de emparejarse entre sí. Las más jugosas de estas uniones acaban mal y pronto. Pero otras nos devuelven la fe en el amor.

Reina de bodas

Elisabeth Taylor todavía duerme con la foto de su Richard Burton, como si de un osito de peluche se tratara, 25 años después de la muerte del viril actor. Su historia de amor es quizá la más apasionada y complicada de todo Hollywood, y a pesar de sus rupturas siempre se quisieron. Incluso cuando Richard volvió a casarse con otra mujer, hablaban a menudo por teléfono. En 1963 coincidieron en el gafado rodaje del mega-peplum Cleopatra. Ella era una actriz casada y el sonado amorío llevó al mismísimo Vaticano a tachar a Liz de mal ejemplo de mujer. Para envidia de muchas mujeres, el galán le regalaba costosísimas joyas, como el exclusivo diamante Burton-Taylor. Pasaron por la vicaría y su primer matrimonio se rompió tras una década por culpa de la afición desmedida de Richard a la botella. En 1975 volvieron a casarse, aunque esta vez sólo se aguantaron durante un año. Nos legaron once películas en las que mostraban su química irrefrenable.

Liz es la mayor coleccionista de maridos del star system. Firmó los papeles con siete hombres distintos y ha conseguido divorciarse de todos menos de su tercer esposo, el productor Michael Todd, que se le murió antes. Aunque la gran pasión de Cleopatra-Taylor siempre fue Marco Antonio-Burton.

Tal para cual

Algunas uniones del star system son tan verosímiles, pegan tanto el uno con el otro, que da repeluzno. Mis parejas modelo "siempre hay un roto para un descosido" favoritas son las formadas por Danni de Vito y Rhea Perlman y Helena Bonham Carter y Tim Burton.

Danny y Rhea se enamoraron en los setenta, en el rodaje de la comedia televisiva Taxi. En la serie, él interpreta al gerente de una pequeña compañía de taxis y ella a su novieta ocasional. Llevan 27 años casados, tienen tres hijos y todavía son capaces de disfrutar de románticas veladas en sus restaurantes favoritos de Malibú. Para disfrutar de su química como pareja, nada mejor que pertrecharse de palomitas y disfrutar de El anillo de bodas, el episodio que coprotagonizaron en la serie Cuentos Asombrosos, creada por Spielberg.

Helena Bonham Carter es otra reincidente. La reina del gótico andrajoso gusta de los directores de sus películas. Primero, el meloso Kenneth Branagh, que la convirtió en protagonista de su Frankenstein. Las escenas necro-tórridas que rodaron para la película despertaron sus fantasías, a las que dieron rienda suelta durante un lustro. En 2001 apareció Tim. Tan pálido, tan polvoriento y barroco. Estaba buscando una actriz "mona" a la altura de su versión de El planeta de los simios y se llevó de propina un matrimonio y toda una filmografía en feliz y raruna compañía: Big Fish, Charlie y la fábrica de chocolate, La novia cadáver y el musical Sweeney Todd. Viven en Londres a su manera, en dos casas unidas por una pasarela. Tim vive en una de las casas con su hijo y la niña en la otra con mamá.

Su voto: Nada