Intentar profundizar en un mito cultural como el de la Vagina Dentata es siempre una tarea ardua y complicada, pero si además el mito en cuestión intenta justificar el miedo del hombre a la vagina –el órgano reproductor femenino, para que nos entendamos- con un recurso tan banal como convertirla en una piraña de afilados dientes, una vez superado el ataque de risa, la cosa se convierte, en mi caso, en un reto personal.